Tras dormirnos al lado de la playa marbellí, donde convergían gran cantidad de peces y buques pesqueros.
El fondeo lo hicimos a 15 metros y las olas podían hacer mover el ancla e irnos derechos a la playa, por lo que el armador realizó una guardía para supervisar, de cuando en cuando, si el ancla se movía de sitio o no.
A las 10 de la mañana ya estamos en movimiento en el velero, saliendo de la costa a motor con una velocidad de 3 nudos.
Se habla de los plátanos y los bananos, por un buen rato...
A eso de las 4 de la tarde disfrutamos de un viento de 13 nudos de estribor, alcanzando unos 5,3 nudos, con un mar en calma, que poco de comentarlo comienza a embravecerse, resultando la misma distribución cambiante del día anterior.
A una velocidad de 4,5 nudos tras recorrer unas 15 mn (millas náuticas), cambiamos de estrategía al tener el viento de popa a 7,5 nudos, poniendo las “orejas de burro”, para intentar aprovechar la empopada más eficientemente.
De nuevo a la misma hora que el día anterior nos encontramos un grupo de delfines, formados por 8 individuos de delfín común y 2 de delfín listado, que durante media hora nos acompañan en proa jugando con la ola del barco.
Son los dos listados los que más colgados están del todo el grupo, saltando en cada momento, y creando arcoiris minúsculos al salpicar en su caida.
Justo cuando vamos a provar suerte con la cámara desaparecen de nuestro lado por presunta timidez.
Seguimos con las “orejas” puestas durante 7 mn, hasta que cambiamos a motor y ponemos un ratejo el “autopilot”. Con dirección puesta a 74º y velocidad de 5 nudos.
Cuando se va el sol, sobre las 10 de la noche, alcanzamos los 6,3 nudos y estamos a penas a 18mn del próximo puerto en Motril.
Dormir un poco, y cuando el reloj marca las 1,30 del día siguiente atracamos en el club náutico de Motril, que parece un puerto fantasma entre la neblina del ayer y la ausencia de vida sobre el nivel del mar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario