martes, 20 de julio de 2010

Saliendo que es gerundio

Vaya, justo al termino de la semana de toma de contacto comenzamos a andar, con primer destino en Barbate, que nos servirá de puente para saludar al sol en Tarifa el día próximo.

Salimos a eso de las 10 o 11 de la noche, y tras realizar las maniobras oportunas salimos de la bahía de Cádiz, con un viento débil que nos mece sobre el agua salina en la noche.

Entre dudas y galletas (para evitar un posible mareo) van hablando de las estrellas el capitán y el bardo, que si Casiopea es una uve doble, que si la osa mayor se parece a un cazo para el puchero, y entre medias con las osa menor en con su estrella Polar, que nos señala el norte geográfico, como gran recurso del marino y de todo aquel no quiera perder el norte en estos tiempos que corren.

La Luna en cuarto creciente que sigue la trayectoria de Venus que le va adelantando la carrera estelar en el girar continuo en el girar terráqueo.

Difícil de relatar con palabras lo bonito que aparece el cielo visto desde la mar, a pesar de la contaminación lumínica, (inevitable y curiosa; vista desde otro ángulo), ya que pasamos a una distancia cercana de la costa.

El sonido del no ruido lo llena todo...

El viento sopla suavemente, las aguas se mecen, y el velero avanza despacito pero constante a velocidades de 2 a 4 nudos...

Una tranquilidad inunda el ambiente.

Primer descanso en proa... el bamboleo no impide dormir al cuerpo que reposa a pierna suelta...

Despertando un poco antes del sol... en el horizonte se siente un color anaranjado que llena todo dulcemente, hasta que la pelota solar comienza a aparecer poco a poco...

Indicaciones varias y rumbo a 120º y viento constante, al capitán le toca el descanso... y comienza la guardia.

Y se pasa el tiempo observando la mar y sus colores y destellos, las formas en que se despliega su superficie sobre el casco del barco.

Y se muestra entre la multitud de letras de la biblioteca del barco el primer libro de Carlos Castaneda, que comienzo a leer tras aparecer entre el montón de recomendaciones previas.

Y paseamos por el barco mirando con ojo fotográfico todos sus recovecos...

Y mientras vigilamos el rumbo, miramos la carta náutica, y escuchamos la radio (que nunca dijo un mensaje interesante)...

Y se dejan ver por la mirada prismática un par de “Pardelas” surcando los aires a ras de ola. (Identificada gracias a un libro de aves marinas, aunque con ciertas dudas con respecto a la veracidad del descubrimiento...)

Y se asoma un capitán subiendo a cubierta, cambiando la orientación de la vela para coger viento, redirigimos la dirección y a correr de nuevo.

Quizás hallan pasado unas 4 o 5 horas, aunque el tiempo en estos medios corre de forma distinta, se cuela entre las olas, atrapa el cansancio y el tedio, descubre miradas nuevas y fluye con la corriente.

Poco a poco vamos avanzando, mientras desayunamos un mango que otro, dejamos al cabo de Trafalgar a babor, y desde los prismáticos se avista el puerto donde debemos amarrar.

En un par de horas llegamos al puerto, otra horita para hacer el papeleo pertinente y amarrar y colocar la corriente al velero... y pisamos tierra.

Directos a la cafetería a degustar un par de tapas tras la travesía... quién lo diría, han pasado ya 16 horas hasta llegar aquí. (pisamos la cafetería a eso de las 3 y algo de la tarde)

El caballero capitán se dirige al camarote de popa a descansar tras el movimiento nocturno y este individuo se pone a escribir un poco para asentar lo vivido.

Escribiendo mientras el calor me recorre la espalda y el cansancio se va notando ya... escribiendo sabiendo que no soy capaz de convocar en palabras a lo que hemos pasado... escribiendo por escribir por placer.

Un abrazete


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