Después de exactamente una semana que pisé el puerto deportivo de la Punta de San Felipe, el velero “Diosa Maat” sale para comenzar su campaña.
Y valla... una semana, que ha dado para mucho... casi ni sé por donde empezar...
Reencuentro y recolocación con el barco, charlas y comidas de intercambio, lecturas y estudios, conciertos a la puesta de sol con el Atlántico de fondo, bailes y cervezas, primera toma de contacto marítima con pasajeros latinos a bordo, más bailes y ninguno de salsa, gestión de compras para 3 meses y sus consecuentes aventuras, sentirnos como en casa en la Canela, salida a Chiclana a la caza y captura de festival, pasar calor, mucho calor, aprender un poco de estrellas y planetas que surcan el cielo, hacer de cocinero y bardo a bordo, estibar coches y barcos, empezar a aprender un par de nudos (con Ballestrinque y Cote, se atan cualquier bote), leer y dormir y pasar más calor, y por supuesto disfrutar de la compañía de dos “caballeros de la mar” (que no caballitos...)
Pero lo que más he podido asumir a lo largo de esta semana ha sido una increíble enseñanza de paciencia.
Paciencia para afrontar una realidad fluctuante que no se podía tocar, paciencia para adaptarme al medio que me colocaba fuera de la realidad que hasta ahora conocía, fuera del tiempo y lugar por el que solía desplazarme.
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