Se mezcla con el sonido tenso de los cabos, los primeros gritos de gaviota y máquinas sin vida que cargan y descargan.
El frío atlántico acompañado de borrasca despierta la mañana entre gritos y poner firmes los cabos en los arrabales del puerto, y este cuerpo sobresaltado por el escaso movimiento en cubierta entre un mundo y otro.
Durante la noche, mientras el motor empujaba a nuestra estructura de madera a unos 5 nudos, en el camarote de proa la masa de una persona se debatía en una lucha de comportamientos; donde todo el conjunto anterior de los músculos se movía imitando al fluido que acogía al barco, fluctuante de arriba a abajo cambiando de dirección, y el resto de músculos y huesos pensaban en el reposo boca abajo con tendencia a quedarse en una posición compartiendo esfuerzos con la gravedad, como era habitual. Los pensamientos corrían por la mente visionando esta disyuntiva, solo observándolos sin juzgar la situación.
A la espera de la siguiente situación.
Cada cual hace lo que el momento le dicta.





