
Tras el mar de plásticos se llega a la pequeña torre a la entrada del puerto.

Gestiones y desayunos portuarios.
Nuestros cuerpos buscan la playa tras la noche de verbena en el mar... caminando por encima de las pequeñas piedras que llegaron a la costa de lugares lejanos.
No hay mucho aliciente en el pueblo y las lentejas del ayer comienzan a crear vida...
Lectura y sueño... salir de aquí es lo mejor que nos puede pasar.
Pasamos el día y la noche en aquel lugar fuera de coherencia y con pérdida de identidad.
Vendido al negocio náutico el pueblo a crecido ganando terreno y eliminando sin conocimiento de causa los acantilados de arenisca, llamados atavaires por los romanos, que lo consideraban un gran recurso.

Una segunda oportunidad a la noche de allá, que reconfirma nuestras impresiones de aquel lugar sin duende.
Desayunos en zodiac, y adiós al puerto.
Baño estratégico de las 2 de la tarde... todos nos sentimos un poco más reconfortados allí, al abrigo del mar.
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